PRIMER CUENTO

TU SER, TU INDIVIDUALIDAD 




UNA FLOR RENDIDA ES UNA FLOR MARCHITA


Anna es una pre adolescente de 11 años, linda y risueña, con una personalidad tranquila que hace ameno el ambiente que le rodea, así es cómo ella lo ve, ya que siempre escuchó halagos que mostraban cuan dulce era, por lo que generaba esa confianza de resolver cualquier problema frente a diversas situaciones, aun si se trataba sobre asuntos que desconocía, ella lo intentaba. Nunca escuchó algún comentario despectivo sobre su personalidad, así que no pasaría por su mente el significado de desagrado. No obstante, su vida daría un cambio de dirección durante la secundaria.
 
Los días transcurrieron y el tan anhelado inicio había llegado, su primer día de clases. Sus ojos brillaban al solo ver la entrada principal de su nueva escuela, le entusiasmaba esa nueva aventura. El lema "Es un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad" aplicaba para lo que sentía en esos momentos. Ella estaría entrando en un campo nuevo, donde un pequeño salto le iba a generar tantos aprendizajes. Aprender nuevos temas, aprender a dialogar, aprender a socializar con los amigos; todo era interesante, pero lo esencial para ella sería lo ultimo. Su personalidad era realmente buena, se adaptaba a todo y la mayoría la quiere por ser una chica de mente abierta e inocente, asi que no habria algun problema. Anna haría tantos amigos que se sentiría bien consigo misma por ser especial, de esa manera entraría en la vida de las personas con facilidad, empleando un saludo simpatico con una sonrisa sincera. Cuando dejó de pensar, de idealizar tanto, observó la realidad que le esperaba. 

- Hola, buenos dias, ¿Este es el salon 1A? - su pregunta llamó la atencion de los estudiantes, no parecia que nadie iba a responder porque se la quedaban mirando sin ningun tipo de expresion. La primera impresion que tuvo no fue como lo esperaba, asi que volvio a repetir y en esta ocasion recibio una respuesta afirmativa de un compañero. 

- Si tan solo leyeras la inscripción arriba de la puerta no harías preguntas bobas. - si la primera persona que respondió su pregunta fue realmente mesurado, la segunda persona sería alguien tajante y desagradable. Anna solo pudo articular el agradecimiento para luego dirigirse a su asiento. En su mente la pregunta ¿Qué fue eso? despertó en ella la curiosidad de saber su emoción, sintió una pizca de desanimo y no le agradó. Sacudió su cabeza, incluso si fuera la primera vez que alguien le habla con hostilidad esta sería su primera imprension de disgusto que sentía. Tomo tranquilidad dentro suyo e intentó ser positiva, esto a penas comenzaba.

Anna, era alguien positiva que creció bajo un cálido hogar, por lo que desconoce ciertas emociones ya que sus padres se encargaron de evitar esos disgustos. Claro, de cierta forma su cuidado fue extremo, pero nunca imaginarian que tal accion benigna le causarian ciertos dolores que no pensó enfrentar en algun punto de su vida. No podrían protegerla por siempre, ella debía aprender aun si la vida le da muchos coscorrones para hacerla mas fuerte y definir su personalidad. Pronto se vio sumergida en un estado de depresión que no parecía tener cura.

- Escucha mis lamentos, querido osito. Nadie más que tú me puede escuchar ahora, ya que mis padres estan ocupados y creen que me va bien. No puedo ser fuerte, ya no se quien soy, ya no sé que haré. Ellos definen mi personalidad como se les antoja, y señalan mi problema de sobre peso como el defecto más nauseabundo. Estoy llorando y no sabes cuánto lamento el día que pise esa escuela. Dime, ¿Qué debo hacer? - sus lagrimas caían como un riachuelo, fluían sin detenerse, mientras sus gemidos melancólicos se escuchaban ahogados en la almohada. Luego de su llegada a la escuela, dos semanas después, se volvió un infierno. Se originó con palabras hirientes que la apartaban y terminaba el día con empujones accidentales. Ella se mantenía con firmeza, intentando defender cada acción con sucesos accidentales cuando en realidad eran a propósito, pero en algún punto dejó de verlo así. Su alegría se iba desvaneciendo poco a poco, ella era como una flor que se iba marchitando por la falta de rayos solares, incluso si pedía ayuda a sus entrañables amistades de la primaria, todos ellos, le dieron la espalda. Las excusas eran el clásico uso para evitar el contacto, por lo que, ella comenzó a sentirse sola. No había nadie, y comenzó a entrar en conflictos emocionales. Ir a la escuela comenzó a ser desagradable, y las inasistencias se hacían frecuentes. 

Anna tan solo tenia 11 años y ya sentía que la vida era un asco, sus pensamientos positivos iban tomando un camino distinto. Parecía absurdo pensar que una persona cambia radicalmente por las acciones de otros, y es que el ser humano es una especie que no solo se guía por los instintos o la racionalidad sino también por sus emociones, son tan fuertes sus emociones que cuando se siente herido lo que hace es protegerse, bien puede hacerlo huyendo o siendo agresivo. Incluso, hasta puede dejarse llevar por el dolor y convivir con el. De tal modo que, el hombre es sociable y puede ser influenciado; sin embargo, hay que ponerse limites, y esos limites es lo que impiden dañarte. Anna no lo sabía, ni siquiera podía hablar de ello con los adultos porque creía que sus asuntos las debe resolver ella misma, aun si lo dice de esa manera tan obstinada no podía lidiar con ello por su falta de conocimiento. Estaba sola en la escuela, sola en su casa, y su único amigo era su oso. La situacion era desconcertante, incluso escuchó algo que le dejó impactada y aquello se volvió en una tentacion opcional.

Era viernes, y la ansiedad de salir de la escuela la embargaba, comenzó a apreciar los viernes porque asi tenia descanso de las clases dos días. Dos días lejos del dolor emocional y físico. Así que se apresuró, cuando tocó la campana del receso, para ir al campo. Ella se escondía en ese espacio, lejos del murmullo de los estudiantes y de aquellos empujones, por lo que agradeció estar sola en ese momento. No obstante, su tranquilidad se esfumó cuando sus compañeras de clases la rodearon.

- La gorda esta aquí, ¿Que haces gordis? ¿Estas buscando la forma de como ponerte mas gorda? - dijo una chica de cabello negro rizado, traía unos lentes de color blanco. Era la mas alta entre esas otras dos, la cabeza de su grupo. 

- Mírala, comer con tanta pasión. ¿Te quieres convertir en un cerdo al que van hacer chicharron? - comentó la segunda, era de estatura mediana y traía el cabello atado en una coleta. La tercera se acercó hasta Anna para patear su comida, ella estaba asustada, toda su confianza se había roto así que no sabía cómo defenderse. 

- Te ves miserable, me das pena. - dijo la chica de cabello rizado, se acercó y levantó el mentón de Anna, ella no dejaba de llorar mientras en su mente pedía ayuda, ayuda que nadie escucharía. - Te diré algo que puedes hacer, suicidate. Eres una gorda de mierda, no vales la pena. Tu falsa sonrisa y tu estúpida amabilidad, nadie lo puede apreciar. Lo único que vemos de ti es tu enorme gordura. ¿Es buena idea, no? Puedes quitarte la vida cortando tus muñecas... justo aquí. - ella señalo su muñeca, y con el índice comenzó a hacer la imitación de cómo cortarse. - O también te puedes poner una soga en el cuello y morir ahorcada. Hazlo, tu sufrimiento será menos.

Palabras tan filosas atravesaron su frágil corazón, ella absorbía toda esa burla y el tormento comenzó. Nuevamente se sentía infeliz. Entonces supuso que toda su vida era una mentira, y dedujo que todo lo que creía era falso, su individualidad se sentía dudoso, su ser se encontraba tan inestable que deseó callar todo el ruido mental que la torturaba. La idea de apagar todo se volvió como un dulce que quiso probar. La muerte viene a tu mente con discreción, te muestra el supuesto horror de la vida y te tienta acabar con ella. Ahí es donde puedes ver que tienes la opción de adelantar tu muerte sin que ella se acerque hacia a ti inesperadamente. 

Anna pensó que nadie tenía interés en ella, los amigos que tenían realmente mostraron su verdadera cara con sus indiferencias, y el entusiasmo que tenía por conocer nuevos amigos, se desvaneció. Por lo que dedujo que morir sería la opción mas fácil para acabar con ese dolor, dolor que algunos llaman estupidez. Lo que algunos creen que es absurdo, para otros es importante elegir entre seguir viviendo o no. Así que es importante saber cada detalle de uno, solo así podemos evitar situaciones trágicas. Anna se decidió, lo planificó para esperar el día que estuviera sola para poder cumplir con aquella infame sugerencia. 

Aunque su plan original era cortarse las venas, decidio por la tercera opcion. Anna tenía en sus manos una gran cantidad de pastillas, una combinacion de todo lo que encontró en el cuarto de sus padres, así que dando sus ultimas palabras de aliento en una carta, ella decidió seguir con el procedimiento. Lo tomó todo, ingirio dos puñales de pastillas y se acostó en su cama. El efecto no tardó en presentarse, con todo el dolor ella clamaba por ayuda, y aunque nadie vendría ella comenzó a temer a la muerte. No supo si en verdad ella estaba gritando porque iba perdiendo lucidez.  De repente, tuvo otro concepto doloroso de la muerte, para ella la muerte fue piadosa, porque le puso a su mamá frente a ella para llevarse el ultimo recuerdo de su rostro. Asi es, su madre estaba en su habitación gritando y llamando por el celular por ayuda. En sus ultimos recuerdos, Anna comenzó a reflexionar y soltó sin querer palabras que sorprendieron a su mamá.

- Madre, no quiero morir. Me da miedo. Me arrepiento. Porque una flor rendida es una flor marchita. ¿Todavía puedo renacer?

Anna se durmió, cayó en un letargo sueño, la vida para ella fue demasiado corta, tanto que mostró su arrepentimiento al final, cuando se lanzó al abismo. Pedía renacer, a Dios le rogó tanto en ese profundo sueño, y no supo si fue escuchada. Ella solo quería hacer amigos, y de entre tantos tener a unos cuantos quienes la pudieran aceptar por su personalidad. Solo uno, uno era suficiente para obtener su felicidad. Mas no fue así, la vida le demostró que no todo el que sonríe, sonríe de verdad; no todo el que te ofrece amistad, va a estar ahi para ti cuando los necesitas de verdad. Y lo más importante, es que tu personalidad es lo que te diferencia de los demás, no tienes que ser igual a ellos. Tu ser, tu individualidad, te define quien eres y no siempre seras aceptado. Mientras te tengas a ti misma, lo demás se puede ir a la mierda; y, si hay quien te valore como eres, pues has hallado a un amigo de verdad. Anna puede sonreír, porque esa lección le ha servido mucho. Dios si la escuchó, porque la fuerza de su alma fue más fuerte que la muerte, se aferró a la vida y Dios le dio una segunda oportunidad. Ella renació, para dar luz a los demás. Anna fue aquella flor que se marchitó, pero que nunca se rin
dió hasta volver a renacer en esa estéril tierra. Ella demostró que, flor que nunca se rinde es la que nunca muere aunque se marchita.  


FIN




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Muchas gracias, hasta el próximo cuento. Nos leemos luego. 

 

Comentarios

  1. Creo que le faltó algo de desarrollo al nudo, pero lo demás bien, Abigail :)

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